Viendo su rostro

Posted on 23 octubre, 2008 por

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Cómo están mis amigos, quien les habla Rubén Díaz en un nuevo encuentro del programa radial Meditaciones Cristianas: la moneda acuñada por cada país no solo tiene un valor estipulado según el número que sustenta, sino que también forma parte de la historia de una nación, es muy común que en una de sus caras lleve la figura de algún prócer, de algún héroe nacional o alguien insigne que esté relacionado con el historial del país. Si quisiéramos conocer la fisonomía de algún personaje del pasado, basta solo con pedir alguna moneda, estoy casi seguro que encontraríamos la estampa de alguien importante, de alguno que haya hecho historia. Hace algunos años atrás cuando se descubrieron las pirámides de Egipto, encontraron allí los escritos y los utensilios utilizado en la época, además de dibujos de los carros de guerra utilizados en ese tiempo.

Estos hallazgos constituyeron un importante aporte documental para la humanidad, porque con esos descubrimientos se pudo conocer un poco más de la cultura, la ciencia y las artes del momento, pero lo más interesante ha sido que por primera vez la humanidad moderna pudo conocer en parte el rostro de aquellos hombres que ocuparon el trono de los faraones, reyes poderosos de la época cuyas figuras también fueron halladas en las pirámides. Este tema del retrato de los faraones, me trajo a la mente el rostro de un personaje de la historia antigua que nada se sabe, el más insigne, el más noble, el de mayor impacto sobre la raza humana, nada se conoce de su fisonomía hasta hoy, nadie sabe como ha sido su rostro, que color ha tenido sus ojos, muchos pintores han querido imaginar aquel sublime rostro en numerosas ocasiones, muchos artistas alrededor del mundo han ensayado su retrato, “su noble retrato”, dedicándole muchas horas de trabajo, han procurado darle el rostro más bello posible, casi con un aspecto angelical, pero ninguno de ellos podría aseverar que el parecido sea el correcto.

Se trata del rostro del humilde carpintero de Nazareth, los artífices de raza blanca se han imaginado a un Cristo de piel blanca, los negros pensaron en él, como un salvador de tez morena, o tal vez con cierta tendencia a la piel amarilla según los artistas orientales, pero la verdad, a ciencia cierta nadie sabe con exactitud cómo era realmente él. Mis amigos, aunque nada sepamos de su fisonomía, aunque no conozcamos el color de su piel o de sus ojos, lo más importante en realidad es que tu y yo conozcamos de lo maravilloso que ha sido su amor, un amor desconocido hasta que fue revelado, porque demostró como era el amor celestial, siendo la esencia misma de Dios, tomó la forma humana, y estando en esa condición de hombre, entregó su vida para ser muerto en una cruz, fue el sacrificio exigido por Dios para el perdón de los pecados. Porque sin derramamiento de sangre no podía existir el perdón de pecados.

Por eso murió Cristo. Por eso un día Jesús dejando su gloria bajó a este mundo para ofrecerse a sí mismo como el sacrificio perfecto por los pecados del mundo, para que ningún hombre a partir de allí tenga que ser juzgado o condenado por causa del pecado, pero es necesario que cada uno acepte esa obra como un acto de sustitución, como una muerte vicaria. SI, él fue el más grande de la historia, el más noble, el más sublime hombre que puso sus pies sobre esta tierra, no conocemos su rostro, tampoco nos imaginamos como es el, pero un día todos aquellos que le recibimos en el corazón tendremos el privilegio de ver su rostro. Caminemos este día tomados de la mano de Dios.

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