Echa tu pan sobre las aguas (1ra. parte)

Posted on 22 octubre, 2008 por

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Cómo están mis amigos, quien les habla Rubén Díaz en un nuevo encuentro del programa radial Meditaciones Cristianas: dice en el libro de Eclesiastés en el cap. 11 lo siguiente ”echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás” era evidente que el escritor de estas palabras era un conocedor de las cotidianas experiencias de la vida, el trozo de pan arrojado al mar, notablemente con el correr del tiempo las olas vuelven a traerlo hacia la orilla, como si el fragmento de pan tuviera vida, e instintivamente buscara volver hacia su dueño que lo arrojó, Este hecho casi natural debido a las corrientes internas del mar, era utilizado por el escritor sagrado como una ilustración de lo que un acto de amor, un acto de misericordia hacia el prójimo, podría traernos bendiciones insospechadas a la vida. “Echa tu pan sobre las aguas”, un acto de bondad, un acto de auxilio en medio de la necesidad, un pan demasiado escaso en nuestros días, y que tu y yo somos llamados a repartirlo en abundancia en este mundo.

Se cuenta de una ciudad donde los pobladores habían construido un altar, al cual acordaron llamarle: el altar de las lágrimas, era un lugar donde la mayoría de los pobladores iban por lo menos una vez al año para ofrecer sus sacrificios. No era un altar para celebrar algún culto religioso, Tampoco era para ofrecer sacrificio a dios alguno, solo había sido construido para que todo aquel que estuviera pasando por un momento de profunda tristeza tuviera un lugar donde derramar sus lágrimas, una experiencia humana demasiado común en el mundo que hoy vivimos, “el altar de las lágrimas”, posiblemente era el lugar más concurrido por aquellos que tenían una pena muy profunda en el corazón, el altar predilecto de madres que en su ancianidad han sido desamparadas por sus hijos, un altar donde los amigos traicionados podían expresar sus angustias, un altar donde los niños de la calle pudieran llorar a voz en cuello por la falta del amor de sus padres y de sus seres más queridos. “El altar de las lágrimas”, un altar que bien podríamos construir en cada rincón de este planeta que los hombres nos hemos encargado de insensibilizarlo y desposeerlo de todo tipo de misericordia.

Mi amable escucha, quizás estés diciendo en tu corazón, yo soy uno de los que necesita de ese altar. Porque quizás la vida no te ha sido tan fácil, porque has pasado por experiencias muy amargas y llevas una profunda llaga en el corazón. Tal vez la traición de algún amigo, el desprecio de un ser querido, el abandono de alguien muy caro a tus sentimientos, quiero que sepas en este momento que hay un altar donde puedes acudir con tus cuitas, un lugar seguro donde puedes abrir tu corazón porque allí recibirás consuelo. No es un altar de lágrimas, sino un altar de gozo. No es un altar construido por manos humanas, sino un altar provisto por el Creador. Jesucristo dijo venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados que yo os haré descansar, poned mi yugo sobre vosotros y aprended de mi que soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas, Dios quiere que deposites tus lágrimas sobre su altar, desea liberarte de tu pesada carga. En primer lugar La carga de tus pecados y que el ya los clavó en la cruz del calvario. Si hoy acudes a él, podrás ser de bendición también a otros, porque hay perdón y salvación en Cristo Jesús para todo aquel que cree, “Echa tu pan sobre las aguas”, Jesús dijo, yo soy el pan de vida, comparte este pan y tendrás bendición, comparte con tus amigos el pan del cielo Que después de mucho lo hallarás. Caminemos este día tomados de la mano de Dios.

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